Xochicalco: la ciudad prehispánica de Morelos que fue hub de culturas
Xochicalco es uno de los sitios arqueológicos más importantes y menos masificados de México. En la cima de un cerro modificado por manos humanas, esta ciudad prehispánica fue durante siglos un punto de encuentro de culturas mesoamericanas.
Qué fue Xochicalco: el hub mesoamericano
Xochicalco, cuyo nombre en náhuatl significa 'en la casa de las flores', alcanzó su apogeo entre los años 650 y 900 d.C. En ese período se convirtió en un centro político, comercial y religioso que atraía influencias mayas, teotihuacanas, zapotecas y del Golfo. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999. Se estima que en su apogeo albergó entre 10,000 y 15,000 habitantes.
La Pirámide de la Serpiente Emplumada
El monumento más celebrado del sitio presenta relieves con serpientes emplumadas entrelazadas con figuras humanas sentadas en posición ceremonial. Los glifos representan diferentes fechas del calendario mesoamericano, interpretados como el registro de una reunión de astrónomos de distintas culturas para sincronizar el calendario.
El observatorio astronómico subterráneo
Una cueva artificial bajo uno de los edificios tiene un ducto en el techo por donde entra un haz de luz solar. Alrededor del 14 de mayo y 28 de julio, el sol queda directamente sobre el ducto al mediodía. El INAH organiza visitas especiales en esas fechas.
Consejos prácticos
El sitio abre de martes a domingo. La entrada cuesta alrededor de 85 pesos e incluye el museo de sitio. Lleva sombrero, agua y zapatos cómodos. Los guías certificados por el INAH enriquecen enormemente la visita.
Cómo llegar
Xochicalco está a 38 km al suroeste de Cuernavaca. Desde Cuernavaca toma la carretera federal 95 hacia Alpuyeca; en auto son unos 40 minutos. Desde allí hay autobuses hacia Alpuyeca, donde un taxi al sitio cuesta alrededor de 100 pesos.
Mejor temporada
La temporada seca (noviembre a abril) es la más recomendable. Si el objetivo es ver el observatorio solar, planifica para mediados de mayo o finales de julio, cuando el INAH organiza visitas especiales que se agotan rápidamente.
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